El infierno bicentenario.
So when you're asked to fight a war that’s over nothin', it’s best to join the side that’s gonna win. Bright Eyes, Road to Joy.
Por Roberto Vigil Delgado
Cuando uno se aproxima a una sala de cine a presenciar la conclusión de una etapa fílmica dedicada a retratar un país completo por un periodo tan largo de tiempo como 20 años, debe tratarse de un director educado en la ideología del país y sabedor de los males que lo aquejan. El infierno (2010) de Luis Estrada, es la conclusión de una trilogía iniciada por La Ley de Herodes (1999) y completada por Un mundo maravilloso (2006), trilogía en la que el director ha pretendido retratar la agonía penosa de una nación en franca desgracia.
Luis Estrada ha logrado resumir en su trilogía la triste historia de un México moderno sumido en el caos social, político y económico; atrapado en un tornado tan fuerte y poderoso como el mismo pueblo ha decidido y que por supuesto ha terminado por ponerse en su contra.
El infierno comienza de manera obligada entonces con un resumen vertiginoso de esos últimos años del país. El soundtrack de la película hace su parte y en tres minutos Estrada nos refiere a dos décadas de migración excesiva a los Estados Unidos que provoca tristes despedidas familiares, dos décadas de tranza entre compatriotas, dos décadas de llevar el dinero escondido en los calzones, dos décadas de corrupción. Es en esta primera secuencia cuando Estrada nos enlaza también con su Ley de Herodes en un genial juego de tiempos.
Para mí es primordial este primer acercamiento a la película, imaginen salir del país hace veinte años y regresar en este momento, por más que uno lea en los periódicos y vea los noticieros, el contacto con la realidad es implacable. En sólo veinte años, México se ha convertido en otro planeta, luchas de interés han partido el país en pequeños y controlables pedazos.
Así es como el Benny (Damián Alcázar) regresa después de dos décadas de trabajo a la nueva nación anárquica mexicana. Lleno de confusión, desorden, e incredulidad, encuentra un país irreconocible y como bien es mencionado en el film, en guerra.
Dentro de la cinta, ciertas realidades son remarcadas, cierto es que otras tantas son maquilladas y algunas más omitidas, pero podemos comenzar por el hecho de que el habitante actual mexicano, está mucho más cerca del lado oscuro. Benny tiene el primer contacto con la realidad mexicana guiado por su amigo de la infancia, el Cochiloco (Joaquín Cosío, a quien podemos recordar por su personaje, Mascarita). Es con esta relación con la que toda la película se crea y se sostiene, tal cual la realidad mexicana, es Cochiloco quien mete al negocio al Benny “porque no hay de otra”. Entonces somos testigos del adecuado ascenso del Benny en el mundo del narcotráfico con sus respectivas recompensas.
Estrada comienza así a retratar el estilo de vida ostentoso y despilfarrador de los capos mexicanos, comenzamos a saborear en propia boca las mieles del trabajo duro del Benny, y es que en el México bicentenario el entrar al mundo del tráfico de drogas es realmente así de fácil, sólo necesita uno conocer a las personas adecuadas, que normalmente viven a dos casas de la propia.
Si uno ha vivido en México en la última década, de inmediato comienza a notar elementos que han hecho de nuestro país un territorio de guerra. Símbolos de la nueva era, violenta, solapante, húmeda de la sangre derramada anoche. Botellas de Buchanans, camionetas enormes personalizadas, letreros repletos de faltas de ortografía, reflejan la sociedad mexicana donde el billete, el poder y la violencia son mucho más importantes que una buena educación y no se diga ortografía.
Al final de cuentas el Benny es una víctima más del corrupto sistema, cuando comienza a tener ganancias visibles, él, que había dicho que nunca le entraría a eso termina siendo absorbido por la tormenta y se ve más envuelto que nadie en el infierno del narcotráfico.
Otro punto interesante a analizar en el film es la fragilidad con la que un niño de catorce años puede ser afectado y hasta cierto punto influenciado por la actual realidad de humo y espejos en el pueblo mexicano, una realidad que promete oro y riquezas y que siendo sinceros es muy tentadora. Aún con esto, Estrada maneja bien los tiempos de la película y en el momento acertado nos revela la infalibilidad del karma nacional, los lujos a los que están acostumbradas Cochiloco y el Benny se reducen a miseria cuando se ven afectados en el aspecto más humano del humano, su familia. La muerte del Cochiloco es oportuna y aporta a la cinta un poco más del ya sobrado realismo.
Aquí es donde comienza la parte más fuerte de la película con asesinatos crueles, decapitaciones en pantalla, sangre y más sangre. Lo cual en lo personal me parece un acierto, por el simple hecho de que las películas DEBEN de ser un reflejo de la sociedad en la que se crean, el México actual es una tierra sin ley, más burda, más violenta y más morbosa que cualquier secuencia presentada en El Infierno y de alguna manera estas secuencias altamente gráficas son un grito, aunque ahogado por el hecho de ser financiada con fondos federales, que intenta despertar al aletargado pueblo mexicano.
El final de la película es un cuento ya sabido, y que hasta cierto punto el espectador ansía, la muerte de Reyes (Ernesto Gómez Cruz) es un respiro necesario y el antiguo narcotraficante Benny pasa de ser el antihéroe definido a un héroe borroso y adolorido. Después de esto viene el inevitable ciclaje con el sobrino de Benny regresando por sus fueros, recuperando el honor de su familia, y es que si algo deja este film sobre todo lo demás, es la idea de la importancia de la familia para mantener la cordura (independientemente del tipo de cordura, entiéndase cordura narcotraficante o cordura cuerda) en tiempos violentos, fieles a Tarantino.



Juno Reactor - Pistolero (Fluke "Hang 'Em High" Remix) [Pistolero CD Single]
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